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BUENOS AIRES Clima

En Esquel, La Trochita no es solo un tren: es una forma de entrar en la Patagonia por la puerta de su memoria. Con su silbato inconfundible, sus locomotoras a vapor y su andar pausado sobre rieles de trocha angosta, el Viejo Expreso Patagónico conserva un lugar único en el mapa turístico argentino. Nacida como parte de un ambicioso proyecto ferroviario para integrar la región, la línea original unió Ingeniero Jacobacci, en Río Negro, con El Maitén y Esquel, en Chubut, y fue clave durante décadas para el transporte de lana, madera, pasajeros e historias cotidianas. Su trocha de apenas 75 centímetros le dio identidad, apodo y una fisonomía inconfundible.

La historia de La Trochita empezó a tomar forma en la década de 1920, cuando llegaron locomotoras Baldwin y Henschel, además de coches y vagones europeos, pensados para resistir el clima y las distancias del sur. Con el tiempo, el avance de las rutas y del transporte automotor redujo su función original, pero no su valor simbólico. Lejos de desaparecer, el tren encontró una nueva vida ligada al patrimonio y al turismo, manteniendo en funcionamiento estaciones, talleres y material rodante de enorme valor histórico.

El tren corre todo el año. Durante el invierno es posible recrear los épicos viajes de los pobladores que desafiaban a la nieve y el frío a bordo del tren, calefaccionados con salamandras a leña que todavía hoy siguen cumpliendo su función a la perfección. Durante el verano, los colores son protagonistas y obsequian postales a cada paso.

Hoy, la experiencia más conocida parte desde Esquel hacia Nahuel Pan, en un recorrido turístico de 18 kilómetros que combina estepa, cerros, cultura local y una atmósfera que parece suspendida en otra época. En destino, el visitante puede vincular el viaje con propuestas de turismo rural, artesanías y memoria comunitaria. A su vez, otro de los tramos operativos se realiza desde El Maitén hasta el apeadero Ingeniero Bruno Thomae, mientras que el ramal histórico completo entre Jacobacci y Esquel sigue siendo la gran columna vertebral de la leyenda ferroviaria patagónica y, en ocasiones especiales, vuelve a ser recorrido.

Esa mezcla de reliquia viva, paisaje inmenso y relato ferroviario explica por qué La Trochita sigue fascinando a viajeros de la Argentina y del mundo. No ofrece velocidad ni lujo: ofrece algo más raro. La posibilidad de viajar con otro pulso, de escuchar el hierro, el vapor y el viento, y de entender que en la Patagonia también se puede conocer un destino siguiendo el ritmo antiguo de un tren que todavía resiste.

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