Son aproximadamente 120 kilómetros los que separan a Chascomús de la Ciudad de Buenos Aires. De fácil accesibilidad, tomando por la icónica ruta 2, hasta que el cartel de la emblemática confitería Atalaya aparece en escena a modo de mojón de bienvenida. ¿Acaso quién no hizo una parada allí, camino a la costa, para tomarse un café con leche con las medialunas más reconocidas de la Argentina? Chascomús reúne características únicas en la Provincia. Es dueña de una de las lagunas más importantes, con una circunvalación de 30 kilómetros, y de un abanico de emociones fuertes para disfrutar.
De hecho, en las aguas de la laguna se desarrolla la pesca, se puede pasear en botes de alquiler, y hacer deportes como el windsurf, kayaks y kitesurf. Fuera de ella, las actividades deportivas son otras. Por ejemplo, el paracaidismo, que permite hacer realidad el sueño de volar. Una aventura que se cristaliza todos los fines de semana.
Chascomús fue fundada como un fortín por el Capitán de Blandengues de Buenos Aires don Pedro Nicolás Escribano, el 30 de mayo de 1779. Su nombre era Fortín de San Juan Bautista, proviene de la lengua hablada por los Pampas y los Tehuelches septentrionales, siendo las voces chaskü “médano” y müshl (müshlü) del verbo yamüshlü “expandir”, y hace referencia a la infinidad de lagunas que surgen en cierta época en la parte occidental de la laguna.
La ciudad nació y creció bajo la diversidad de industrias y fue considerada la capital de las estancias. En la actualidad es un lugar con diversas fábricas manufactureras y comprende hasta la nanotecnología, la cual promete avances científicos en muchos sectores como la medicina, productos para el consumidor, energía, y materiales de fabricación.
Sus viejas construcciones coloniales y la tranquilidad reinante a toda hora, la hacen encantadora. Chascomús ofrece una variedad de destinos para visitar. La Parroquia San Pedro Apóstol, el Museo Pampeano, la Capilla de los Negros; la Casa de Casco y la vivienda que habitó el expresidente Raúl Alfonsín son algunos de ellos. Todos sirven para entender la rica historia del lugar.
Las caminatas están entre las actividades más habituales. Y el Parque de los Libres del Sur es un buen lugar para tan sana decisión. Cuenta, de hecho, con gran diversidad de espacios verdes situados alrededor del espejo lacustre, desde jardines y parques hasta montes de eucaliptos y casuarinas, entre otras especies.
La gastronomía local tampoco puede quedar afuera. Esta ciudad tiene motivos suficientes para inflar el pecho luciéndose con orgullo. Después de una excursión es ideal una parada gastronómica. A los que eligen los pescados, el pejerrey es el plato ideal. Pero también se pueden degustar las mejores empanadas de la región. O probar la miel de pampa, un producto único para endulzar la vida.
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