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La Ciudad de Buenos Aires se destacó desde sus inicios por su particular arquitectura. De esto no escaparon nunca, sus templos religiosos que son dignos de un tour en sí mismo. Las iglesias, lejos de ser despojadas, son en su mayoría una representación estética per se.

Sin embargo, y sin duda, lo que más se destaca en este rubro, es el trabajo hecho en las basílicas de la Ciudad. De oeste a este, hay tres paradas fundamentales: La Basílica San José de Flores, la Basílica María Auxiliadora y San Carlos en Almagro, y la Basílica del Santísimo Sacramento en el barrio de Retiro.

Sus tamaños, arquitectura, historia y presencia invitan a visitarlas más allá de la mirada religiosa y observar con detenimiento cada uno de los detalles.

La primera parada se da en el barrio de Flores. Enfrente de su mítica plaza, se erige firme y enorme la Basílica de San José. Su construcción inicial, como una pequeña capilla data del 1806 y era parte del terreno que Ramón Francisco Flores había donado a la Curia. En 1879 se colocó la piedra fundamental del templo actual, inaugurado en 1883. Más allá de su extensa historia que acompaña también a la historia de la Ciudad, se trata de la casa religiosa del actual Papa Francisco.

Cuenta la historia que Jorge Mario Bergoglio, tras haberse confesado con un sacerdote en esta casa eclesiástica, decidió que ingresaría al seminario para convertirse en cura. Incluso, actualmente se encuentra señalizado el confesionario que utilizaron; lo que hace que este sitio sea un lugar de visitas turísticas y paradas de tours inspirados en su vida.

Para entrar subimos una pequeña escalinata y llegamos a la puerta central. La fachada tiene algunos bajorrelieves y permite el ingreso a la antesala de la nave principal. Las paredes son marmoladas y nos llevan a su imponente altar. En el camino, distintas imágenes religiosas, confesionarios y columnas imponentes.

Al lado del altar, un pequeño espacio conforma una especie de capilla en la que se puede orar al patrono de esta Basílica, San José, quien también se encuentra en el punto mayor del altar junto a la Virgen María y un majestuoso Cristo.

Siguiendo camino hacia el centro, nos detenemos en el barrio de Almagro. Allí, la vista es, tal vez, la más impactante de todas. La Basílica María Auxiliadora y San Carlos es un templo construido por la Orden Salesiana entre los años 1900 y 1910 y constituye la obra arquitectónica de mayor envergadura realizada por los salesianos de Don Bosco en la Argentina.

Sin duda, los elementos arquitectónicos destacan por donde se la mire: su presencia y acústica es todo ostentación y diseño. Tiene en esta línea, una cúpula en la que se encuentra la imagen de María Auxiliadora y tiene cerca de cinco metros de altura. Adentro, nos esperan tres niveles: una cripta con 16 altares, la parte del medio y un templo superior en el que se encuentra el llamado “Camarín de la Virgen” donde efectivamente se puede apreciar su representación. En esta Basílica se encuentra, además, un órgano proveniente de Italia que data de 1910, considerado uno de los más distinguidos de Buenos Aires. Todo esto se sostiene mediante columnas cuyos colores predominantes y distintos ornamentos le dan una impronta ecléctica fascinante creando un espacio totalmente fastuoso y vital.

Finalmente, este recorrido nos conduce al centro de la Ciudad, más precisamente en el barrio de Retiro, entre la parafernalia del Microcentro y la historia viva de la Fundación de Buenos Aires. Allí nos espera la Basílica del Santísimo Sacramento.

Este templo es mucho más despojado y su gracia se encuentra en estar atravesada por muchos mitos alrededor de su construcción que consta de cinco torres y en el centro una estatua del Beato Julián Pedro Eymard, quien fuera el fundador de la Congregación del Santísimo Sacramento.

La edificación llevó ocho años y fue impulsada por Mercedes de Anchorena, a quien se le atribuye la idea de que, si ella vivía en un Palacio, su Dios debía tener el propio. Más allá de esto, la Basílica está atravesada por una legendaria rivalidad. Se dice que es difícil apreciar su esplendor porque -no casualmente- está casi oculta por el edificio Kavanagh, debido a la disputa entre Mercedes Castellanos de Anchorena y Corina Kavanagh. Las versiones son muchas y la más difundida habla de un amor no correspondido.

Lo cierto es que su arquitectura es armónica. Su interior, que consta de tres naves y es de estilo neogótico, tiene piezas artísticas de gran valor, son notorios los vitrales y los mármoles rojos de Verona y blanco de Carrara. Aquí podemos encontrar un órgano de cinco mil tubos marca Mutin – Cavaillé-Coll que se inauguró en 1915. Está considerada como una de las iglesias más lujosas de la ciudad de Buenos Aires y la elegida para celebrar los casamientos por la alta sociedad porteña. En una cripta descansan los restos de doña Mercedes C. de Anchorena. Esta cripta fue la primera en inaugurarse, cinco años antes que se terminara la construcción de la Basílica. De hecho, se había diseñado para que Mercedes sea sepultada junto a toda su familia. Sin embargo, solo sus restos se encuentran allí.

Sin dudas, el extenso recorrido por obras importantes con espíritu religioso continuará.

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