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La ruta que une San Salvador de Jujuy con Humahuaca es mucho más que un trayecto: es una experiencia cultural y paisajística única en el norte argentino. A lo largo de la Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el viajero atraviesa pueblos cargados de historia, colores intensos y tradiciones vivas. Podría decirse que es el recorrido más impactantes de esta parte del país. Atravesarla es transitar un corredor cultural milenario donde el paisaje, la historia y las tradiciones conviven con una identidad viva. Para aprovechar al máximo la experiencia, lo ideal es dividir el viaje en dos bases estratégicas: Purmamarca y Tilcara, desde donde explorar con calma cada rincón.

Volcán

El viaje comienza rumbo norte, dejando atrás la capital jujeña hasta ingresar en Volcán, donde el paisaje empieza a elevarse y a teñirse de tonos rojizos. Volcán es la cabecera del novedoso Tren Solar de la Quebrada. De origen chino, es un tren turístico eléctrico que recorre la Quebrada de Humahuaca con energía solar. Esta experiencia arranca temprano y conecta pueblos como Volcán, Purmamarca, Maimará y Tilcara, ofreciendo un viaje sustentable, silencioso y panorámico, integrando tecnología moderna con paisajes y cultura andina.

Tumbaya y Purmamarca

Saliendo de Volcán, muy cerca, Tumbaya ofrece una escena íntima y auténtica: su iglesia colonial y el cementerio en altura reflejan la cosmovisión andina. Es una parada breve pero significativa antes de continuar viaje hacia nuestro primer gran objetivo. Es que instalarse en Purmamarca permite explorar sin apuro uno de los paisajes más icónicos del país. El Cerro de los Siete Colores domina la escena, pero la experiencia va más allá de la postal. El Paseo de los Colorados es un trekking corto y accesible que rodea el pueblo entre formaciones rojizas y senderos de tierra. En la plaza central, el mercado artesanal ofrece tejidos de lana, cerámica y productos regionales. Desde aquí, un desvío imprescindible conduce a las Salinas Grandes, un salar infinito a más de 3.400 metros de altura. La excursión —de medio día— combina curvas de montaña, vistas panorámicas y la posibilidad de caminar sobre un paisaje blanco deslumbrante.

Salinas Grandes

En Salinas Grandes podés caminar sobre el salar, fotografiar efectos de perspectiva únicos, visitar piletones de extracción de sal, hacer tours guiados en 4×4, observar el contraste del cielo con el blanco infinito y comprar artesanías de sal. Conviene ir temprano, hidratarse bien, llevar protector y anteojos para el sol.

Purmamarca también permite un primer contacto con la vida rural. En sus alrededores, comunidades locales organizan visitas donde se puede aprender sobre cultivo andino, tejido artesanal y cocina tradicional. Aquí aparecen sabores como las empanadas jujeñas, la humita en chala o el locro, platos que reflejan la identidad de la región.

Retomando la ruta, la histórica Posta de Hornillos funciona como testimonio del pasado colonial, mientras que Maimará sorprende con la Paleta del Pintor, un cerro multicolor ideal para fotografía y caminatas cortas.

Tilcara

El segundo punto estratégico para hacer base es Tilcara, un pueblo con mayor infraestructura turística y gran vida cultural. Desde aquí se pueden organizar múltiples excursiones. El clásico es el Pucará de Tilcara, una antigua fortaleza prehispánica que combina historia y vistas panorámicas. Para quienes buscan trekking, hay senderos hacia la Garganta del Diablo o caminatas guiadas por quebradas menos transitadas, ideales para conectar con la naturaleza.

Tilcara también es punto de partida para experiencias rurales más profundas. Varias comunidades cercanas ofrecen jornadas de turismo comunitario donde el visitante participa en actividades agrícolas, aprende técnicas ancestrales y comparte comidas caseras. En estas mesas aparecen platos como el tamal, la sopa de quinoa o el cabrito, preparados con recetas transmitidas por generaciones.

El Trópico, Uquía y final de viaje

Siguiendo hacia el norte, Huacalera marca el cruce simbólico del Trópico de Capricornio. Luego, Uquía resguarda un tesoro artístico: su iglesia con pinturas de ángeles arcabuceros, únicas en el país.

Finalmente, la llegada a Humahuaca corona el recorrido. Sus calles empedradas, la Torre de Santa Bárbara y el Monumento a los Héroes de la Independencia condensan siglos de historia. El ambiente pausado del pueblo invita a caminar sin rumbo y absorber la esencia del norte profundo.

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