La Costa Amalfitana se despliega como una cinta de colores suspendida entre el azul profundo del mar Tirreno y el verde abrupto de los acantilados, en Italia.
El aire tiene un perfume cítrico que acompaña cada curva de sus rutas escénicas.
Desde Sorrento hasta Salerno, en la región de Campania, se extiende por unos 50 km el camino costero más pintoresco del sur de la península itálica. Recorre varios pueblos distinguidos como Patrimonio de la Humanidad, los más visitados son Positano, Amalfi y Ravello, continúan Cetara y Vietri sul Mare.
Entre todos, Amalfi –a unos 70 km de Nápoles y a 275 km de Roma, mirando al Golfo de Salerno- es el corazón de este destino turístico. Su nombre atesora una leyenda de amor. Amalfi era el nombre de la amada de Hércules, hijo de Zeus, quien al morir fue enterrada con devoción por el semi dios en esa costa especial donde las aguas pudieran acariciar su cuerpo. A partir de la leyenda, se considera que Amalfi ha tenido la fuerza y protección del mítico personaje. Su magnetismo lo confirma.
El encanto visual de sus acantilados, con construcciones medievales recortadas entre la vegetación y terrazas de viñedos y limonares hacen hipnótico su paisaje. Pequeñas villas, playitas, puentes y túneles, calles estrechas y decenas de escalones en cada pendiente guardan opciones para los gustos simples y también los más exquisitos. Por ello hay todo tipo de hoteles, bares, restaurantes y heladerías.
Desde el paseo marítimo se atraviesa un arco para acceder a la plaza central y el centro histórico dominado por el majestuoso Duomo di Amalfi, su emblemática catedral de San Andrés Apóstol. Este complejo arquitectónico de combinaciones asombrosas es una postal inabarcable para los fotógrafos aficionados y un exponente deslumbrante para los amantes del arte. Su Claustro del Paraíso luce mármoles y arcos árabes que datan de mediados del siglo XIII.
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Perderse en las callejuelas, admirar sus tiendas de cerámica pintada a mano o degustar limoncello artesanal son experiencias sensoriales únicas. Suvenires, perfumes, licores, productos típicos, invitan a cientos de turistas a disfrutar de esta ciudad marítima donde cada rincón tiene su propia paleta de colores. Se distinguen dos puntos de interés: el Museo de la Carta (papel en italiano) cuyo pasado se descubre a través de las antiguas prensas para procesar el papel; y el trayecto hasta la torre Vicereale de Cetara.












Cada trattoria está ambientada para atraer a los visitantes con sus mesas iluminadas al aire libre hasta el amanecer; ofrecen variedad de platos de pescados, buenos vinos y la famosa salsa de anchoas.
En el puerto, numerosos barcos privados y públicos llegan a Capri, Maiori, Sorrento y Salerno. También se puede contratar excursiones privadas en lanchas. Pequeñas playas son el equilibrio perfecto entre vitalidad y contemplación frente al agua transparente.
Más arriba, como un balcón suspendido sobre el Mediterráneo, aparece Ravello, un refugio de calma y belleza que ha inspirado a artistas durante siglos. Aquí, el tiempo parece desacelerarse entre jardines cuidados y vistas panorámicas que cortan la respiración. La elegante Villa Cimbrone ofrece una de las postales más icónicas de Italia: su Terraza del Infinito, allí el cielo y el mar se funden en una línea etérea.
Esta excursión comprende, además, la Villa Rufolo, lugar cautivante cuyos jardines escalonados crean una atmósfera mágica junto con la arquitectura y el arte donde se reconocen las influencias de diferentes culturas invasoras, en un pasado intenso.









Recorrer la Costa Amalfitana es más que un viaje: es una inmersión en una estética de vida donde cada detalle —la luz, los sabores, las texturas— está cuidadosamente dispuesto por la naturaleza y la historia. ¡Románticos, nunca abstenerse!
Alicia C. Giuliani
















