En plena meseta patagónica, donde el viento suele mandar y la estepa parece no terminar nunca, aparece un paisaje inesperado: agua turquesa, paredones rojizos, vegetación, silencio y una villa pequeña que invita a bajar un cambio. El Dique Florentino Ameghino, inaugurado en 1963 para controlar las crecidas del río Chubut, favorecer el riego y generar energía eléctrica, es hoy mucho más que una obra de ingeniería: es un rincón turístico singular de Chubut.
La represa, de 225 metros de largo, se levanta entre rocas volcánicas de color rojo lacre y cañadones que guardan huellas de un pasado remoto, con sedimentos marinos todavía visibles. El contraste con la aridez que la rodea convierte al lugar en una postal diferente dentro de la Patagonia: un oasis reparado del viento, ideal para quienes buscan naturaleza, descanso y aventura.
La escapada perfecta
Ubicado sobre la Ruta Provincial 25, a unos 128 kilómetros de Trelew, 187 de Puerto Madryn y 1556 de Buenos Aires, el dique es una escapada perfecta para sumar a un viaje por la costa chubutense. Su embalse se extiende hacia el oeste durante unos 25 kilómetros y se divide en dos brazos vinculados al río Chubut y al río Chico.

La zona de embalse antes de la construcción
La pesca deportiva es una de las grandes protagonistas. Desde la costa, la represa o embarcados en aguas cristalinas, los visitantes buscan truchas, percas y pejerreyes. Pero la propuesta no termina ahí: hay caminatas, trekking entre paredones, rafting, rappel y safaris fotográficos para capturar azules intensos, rojos minerales y verdes inesperados.
A pocos pasos del dique, la Villa Florentino Ameghino conserva ese encanto de pueblo patagónico chico, seguro y amable. Cuenta con campings, asadores, playa de río y servicios básicos para pasar el día o quedarse a dormir. Además, se organizan visitas guiadas a una cueva con pinturas rupestres, una experiencia que suma historia y misterio al viaje.
El nombre del dique homenajea a Florentino Ameghino, naturalista, paleontólogo y antropólogo nacido en Luján en 1854. En galés, la zona también es conocida como Yr Argae, expresión que significa “la presa” o “el dique”. Su historia está ligada a la necesidad de proteger el Valle Inferior del Río Chubut de inundaciones y sequías. Las obras se iniciaron el 15 de marzo de 1950 y, con el tiempo, tomó forma la villa turística.
Aquella tragedia que enlutó a la villa

El homenaje a las víctimas de la tragedia
El 19 de septiembre de 2002 quedará grabado de por vida como el día más triste de Dique Florentino Ameghino. En aquella ocasión, un grupo de alumnos de la Escuela N° 39 de Merlo, Buenos Aires, realizaba un viaje de estudios.
Mientras cruzaban una pasarela colgante sobre el río Chubut para sacarse una foto, el puente cedió por el exceso de peso. El colapso arrojó a decenas de niños a las gélidas aguas, provocando la muerte de 8 alumnos y una docente. Un hecho que enlutó al país.
El plano inclinado
Entre los imperdibles aparece el “Plano Inclinado”, una escalera ubicada a unos 100 metros del camping municipal. Fue construida entre las rocas para unir campamentos durante la obra del dique y hoy propone una caminata exigente.
Tras subir sus 517 escalones, la recompensa es una vista majestuosa del embalse, la represa y los cañadones. En el recorrido también se puede observar al pilquín, la simpática ardilla patagónica.
El Dique Florentino Ameghino sorprende porque no se parece a nada de lo que uno espera encontrar en la meseta. Tiene historia, naturaleza, actividades al aire libre y una calma difícil de conseguir.























