A 17 kilómetros al sur de Miramar, en el partido de General Alvarado, Mar del Sud se consolida como uno de esos destinos que crecen sin estridencias, apoyados en un rasgo cada vez más valorado por los viajeros: la tranquilidad. Pequeña, serena y con apenas 500 habitantes según el último censo, esta localidad costera encuentra en su perfil apacible, sus extensas playas de arena fina y su patrimonio histórico una identidad propia dentro del mapa turístico de la provincia de Buenos Aires.
Para llegar, hay que dejar atrás el ritmo de los grandes centros urbanos y seguir el recorrido de la ruta 11 cuando se despega del mar y atraviesa campos sembrados de maíz y girasol. Ese paisaje rural funciona como antesala de una villa balnearia que, poco a poco, viene despertando el interés de quienes buscan descanso, naturaleza y una experiencia más íntima sobre la costa atlántica.
Mar del Sud celebra cada 4 de febrero sus años de historia. Su origen está ligado al nombre Boulevard Atlántico, denominación que también adoptó su edificio más emblemático: el Hotel Boulevard Atlántico, ubicado sobre la calle 100, eje principal del pueblo. Declarado Monumento Histórico Municipal, este imponente establecimiento resume buena parte del pasado local. Fue concebido en la segunda mitad del siglo XIX por un grupo inversor que impulsó el entonces Balneario Mar del Sur como alternativa a la pujante Mar del Plata. Sin embargo, la quiebra del banco que financiaba el proyecto y la ausencia del ferrocarril frustraron el desarrollo previsto.
De aquella iniciativa quedó en pie una construcción de estilo neoclásico de 4.500 metros cuadrados, con 76 habitaciones, amplio salón comedor y espacios destinados a actividades deportivas. Tras distintas etapas, la llegada de la electricidad y varios intentos de recuperación, el hotel tuvo un nuevo impulso en 1972, cuando fue adquirido por Eduardo Gamba. Años más tarde volvió a atravesar un período crítico, entre problemas edilicios, usurpaciones y un incendio que precipitó su cierre. En la actualidad, luego de refacciones y de una nueva etapa iniciada en 2012, el histórico edificio celebra su reapertura, por ahora como restaurante y confitería.
Otro de los atractivos singulares de Mar del Sud es la Casa de las Caracolas, una intervención artística iniciada en 1984 por Hervés Paul, quien decidió revestir su vivienda con caracoles, dibujos y figuras geométricas. A eso se suma Rocas Negras, a dos kilómetros del centro, una playa reconocida por sus formaciones cubiertas de mejillones, la presencia de moluscos, pequeños cangrejos e hipocampos, y su valor para la pesca deportiva.
El recorrido puede completarse con las esculturas distribuidas en plazas y espacios públicos, muchas de ellas donadas por la familia del artista italiano Gennaro de Tommaso; con la estancia La Eufemia, en el camino hacia San José y Centinela del Mar; y con el Teatro del Sur, inaugurado como espacio cultural en 2016. Con naturaleza, patrimonio y escala humana, Mar del Sud reafirma su lema y su principal fortaleza: ser, ante todo, un lugar natural.












