Es difícil imaginar un espejo de agua tan grande y cristalino en una provincia del norte argentino, pero, no solo existe, sino que, además, se convirtió en un atractivo turístico con el paso del tiempo. Tiene una importancia vital para el desarrollo de la zona, además, por su belleza, se fue convirtiendo en una propuesta ineludible para los turistas. Para llegar hay que seguir el mismo camino que se hace entre la Ciudad de Salta y Cafayate. En ese viaje, el paisaje tiene una intensidad de verdes que con rapidez nos puede hacer pensar en los morros de Brasil. A sus pies, las plantaciones de tabaco que en verano ya están florecidas.
Pasando pequeños y coloridos pueblos, a una hora y media de haber emprendido el viaje y tras haber atravesado las últimas curvas de los 55 kilómetros que lo separan de la Ciudad, llegamos a este prometedor lugar. Arriba, las empresas de traslado y un pequeño restaurante. Bajando unas escaleras, nos esperan los catamaranes. A un costado de las embarcaciones se erige perfecto un puente cuyas columnas tienen unos 78 metros de alto.
Desde las alturas, la primera propuesta de deporte extremo nos seduce con curiosidad. Es posible hacer puenting, en esta actividad se salta desde unos 40 metros, aproximadamente, sujetado desde la cintura a dos cuerdas dinámicas que al caer van produciendo un movimiento pendular gigante. Se puede pasar rozando el agua, y según se elija, tocándola o terminando sumergido -brevemente- hasta la cintura. Cuando termina de pendular el aventurero desciende a una embarcación que lo lleva navegando hacia la costa.
Es imposible no hipnotizarse viendo a los valientes mientras se espera que zarpe el catamarán. Una guía nos irá contando toda la información que necesitamos saber: el agua es transparente, pero se ve verde porque esa zona no fue dinamitada sino inundada. En conjunto, la flora del lugar debajo de nuestros pies con el reflejo del verde da las montañas nos crea la ilusión óptica de que allí, el agua es verde.
Una vez que salimos, podemos observar la cantidad de vegetación diversa que nos rodea. Incluso también, la fauna: con unos botes menos ruidosos, podemos acercarnos a una zona que permite el avisaje de tortugas marinas, nutrias, bagres o sábalos. En determinadas áreas está permitida la pesca, y la frutilla del postre se encuentra en la Reserva natural Isla de los Pájaros. En este islote, que está protegido y al cual no se puede acceder, viven distintas variantes de aves que incluyen albatros y garzas.
La parte más esperada del viaje sucede a unos 60 metros de la costa más cercana. Allí, podemos llegar a la llamada Isla de los Deseos, la única isla que puede visitarse en este embalse.
La Isla de los Deseos tiene, sobre todo, tres particularidades:
La primera: el mito que invita a pedir 3 deseos, allí. El inicial, cuando se desciende -siempre con el pie derecho-, otro a mitad de camino, donde se erige una mesa de piedra, mirando al infinito apoyaremos la mano izquierda, y el tercero, en la punta del mirador que se encuentra en el sitio más alto de la isla. En este último tramo pedir un deseo es muy sencillo puesto que el paisaje es tan pero tan imponente que surge espontáneo.
La segunda particularidad es la posibilidad de hacer muchas actividades como: tirolesa, paseos en banano o motos de agua, canotaje, sky acuático, e incluso, con el alquiler de chalecos, se puede nadar en la costa.
La tercera y última, es la posibilidad de almorzar o tomar algo frente a vistas únicas, mirando uno de los paisajes más lindos que ofrece la provincia. Arriba de todo también hay hamacas paraguayas y algunos juegos para niños. Pero sin duda, la invitación es a relajarse colmando los ojos de colores absolutos como el verde de la flora y el azul cielo.













