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BUENOS AIRES Clima

Hay monumentos que se miran. Hay otros que se atraviesan con la vida cotidiana. Y después está el Obelisco, ese gigante blanco plantado en el cruce más porteño de todos, donde la Avenida Corrientes se abraza con la 9 de Julio y Buenos Aires parece decir, sin pedir permiso: “acá estoy”. El emblema más reconocible de la Ciudad cumple 90 años el sábado 23 de mayo, y la ocasión invita a celebrar mucho más que una obra de cemento: se festeja una postal, una memoria compartida y una manera muy argentina de encontrarse en la calle.

Inaugurado el 23 de mayo, pero de 1936, el Obelisco nació para conmemorar los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires. Fue diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch y levantado en tiempo récord en la Plaza de la República, en el mismo sitio donde alguna vez se izó por primera vez la bandera nacional en la ciudad. Desde entonces, su silueta quedó atada a la identidad porteña como el bandoneón al tango, el café a la charla larga y Corrientes a la noche que nunca termina.

Al principio, como suele pasar con los símbolos que después se vuelven eternos, no todos lo recibieron con entusiasmo. Hubo críticas, debates y hasta intentos de demolerlo. Pero Buenos Aires tiene esa costumbre tan suya de discutirlo todo para después adoptarlo con pasión. Con los años, el Obelisco dejó de ser una construcción discutida para transformarse en punto de encuentro, faro urbano y testigo privilegiado de la historia nacional.

Su ubicación no es casual: está en el corazón de una zona donde Buenos Aires muestra parte de su carácter más intenso. A un lado, la Avenida Corrientes, con sus teatros, librerías, pizzerías históricas y marquesinas encendidas. Al otro, la 9 de Julio, amplia y monumental, una de las avenidas más reconocidas del mundo. Alrededor, el pulso de una ciudad que mezcla apuro y nostalgia, turistas con cámaras, oficinistas, artistas callejeros, colectivos, taxis, neones y olor a muzzarella recién salida del horno.

El festejo sinfín

Para quienes visitan Buenos Aires, pasar por el Obelisco es casi un rito de bienvenida. No alcanza con verlo desde lejos: hay que caminar la zona, levantar la vista, buscar el mejor ángulo, cruzar con paciencia, dejarse envolver por el ruido urbano y entender que ese monumento funciona como brújula emocional. “Nos encontramos en el Obelisco” no es solo una indicación geográfica: es una frase grabada en el ADN porteño. Por sus alrededores pasaron festejos deportivos, marchas multitudinarias, despedidas, reclamos, carnavales, campañas solidarias, noches de teatro, bocinazos interminables y abrazos entre desconocidos.

Sin embargo, ningún festejo quedó tan grabado como el de diciembre de 2022, cuando millones de personas llegaron a la 9 de Julio para celebrar el título mundial obtenido en Qatar. Banderas, camisetas, bombos, familias enteras y una emoción colectiva transformaron el centro porteño en una fiesta popular histórica. En sus alrededores, Buenos Aires celebró, pidió, discutió y se expresó, confirmando que el Obelisco no solo marca el centro geográfico de la ciudad: también marca uno de sus centros emocionales.

Una noche que promete ser inolvidable

El aniversario número 90 tendrá una celebración a la altura de ese peso simbólico. El próximo 23 de mayo de 2026, desde las 18 horas, la Ciudad prepara una noche especial en el corazón porteño, con shows en vivo, mapping 3D sobre el Obelisco, artistas itinerantes, música y una edición especial de Corrientes 24HS. La propuesta convertirá a la Avenida Corrientes en un gran escenario al aire libre, con restaurantes, bares y teatros abiertos hasta las 2 de la madrugada.

La fecha promete una experiencia ideal tanto para vecinos como para turistas: una caminata nocturna entre luces, música, historia y gastronomía. Será una oportunidad para mirar el Obelisco con otros ojos, no solo como fondo de selfies o postal obligada, sino como protagonista de una celebración colectiva. Porque si algo sabe hacer Buenos Aires es apropiarse de sus calles cuando hay una excusa para festejar.

La noche del 23 de mayo será también una invitación a recorrer una de las zonas más emblemáticas de la ciudad. Antes o después de los espectáculos, el plan puede completarse con una porción de pizza sobre Corrientes, una visita a alguna librería, una función teatral, un café notable o una simple caminata por el centro iluminado. En Buenos Aires, muchas veces el atractivo no está solo en el monumento, sino en todo lo que sucede alrededor.

A 90 años de su inauguración, el Obelisco sigue cumpliendo una función que ninguna guía turística alcanza a explicar del todo: reunir. Reúne historias, generaciones, acentos, celebraciones y recuerdos. Es el punto donde la ciudad se mira a sí misma y se reconoce. El Obelisco no es únicamente una torre blanca en medio de dos avenidas; es una marca de pertenencia, una señal de orientación y una promesa de que Buenos Aires siempre tiene algo más para contar.

Por eso, cuando el 23 de mayo las luces del mapping lo envuelvan y la música suba por Corrientes, no se estará celebrando solo un aniversario. Se estará festejando a una ciudad entera: teatral, intensa, discutidora, nocturna, orgullosa y profundamente viva. Una Buenos Aires que, desde hace 90 años, encuentra en el Obelisco su postal más simple y, al mismo tiempo, su símbolo más poderoso.

Fotos: AGN, Ciudad BA y www.arcondebuenosaires.com.ar

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