La Ciudad de Buenos Aires, a lo largo de su historia, estuvo asociada a una buena cantidad de mitos urbanos que, en muchos casos, tuvieron que ver con construcciones excéntricas atribuidas a personajes diversos. El barrio de Belgrano tuvo siempre como característica su estilo distinguido y señorial, con casas residenciales que simbolizan lujo y opulencia. Varias de ellas han sido –y siguen siendo- sedes diplomáticas. Otras, ya han sido demolidas ante el poderoso avance del modernismo, con edificios y locales gastronómicos que han ido ganando la pulseada.
Hay una construcción que guarda una historia muy particular. En la esquina donde hoy confluyen José Hernández y Luis María Campos, supo existir una vivienda que vio la luz por instrucción de un financista italiano de apellido Diatto. Se la denominó “Castillo de los Leones”, por la presencia en su acceso principal de dos estatuas de leones.
Comenzó a edificarse en 1907, tenía ladrillos a la vista, dos pisos y un interior plagado de misterio. Cuando el italiano dejó la casa, quedó en estado de abandono y fue subastada. Teodoro Lacroze, hijo de Federico, adquirió el inmueble y se mudó allí. Pero al poco tiempo, decidió dejar el castillo, en una salida poco clara. No la puso en venta ni en alquiler, simplemente la dejó y mandó a tapiar todos los accesos. Esa situación dio paso al mito. Los vecinos comenzaron a relatar historias de fantasmas, ruidos extraños y hasta supuestas muertes de personal de seguridad que custodiaba el lugar.
El periodista Soiza Reilly, escribió para la revista Caras y Caretas, en 1931, que tras la muerte de Teófilo Lacroze, el castillo fue enajenado por sus sucesores en 1941. Lo que siguió fue una construcción en ruinas, la demolición y posteriormente, los edificios que ocuparon el predio dejando atrás el lujo y el mito urbano…














