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Este emblemático sitio de interés histórico y turístico, en el corazón de Estambul, Turquía, es un bello escenario arquitectónico muy representativo del antiguo lujo y poderío otomano. Precisamente de los tiempos del sultán Mehmed II, concluyeron su construcción en 1465, más de una década posterior a la conquista de Constantinopla.

El Palacio Topkapi fue declarado Patrimonio de la Humanidad y es museo desde 1924.
(Los últimos sultanes se trasladaron, en 1853, al distinguido palacio Dolmabahçe sobre el Bósforo).

Cautivan sus jardines, torres y patios hasta las diferentes estructuras de asombrosa decoración. Los salones atesoran suntuosidad y arte en: mobiliario, adornos, tapices, telas, mármoles, porcelanas, espejos, lámparas, enseres, ornamentación, armas, vestuario y alhajas de incalculable valor; así lo indica el reluciente dorado que invade los diseños y espacios. El diseño encomendado de esta estructura, dentro de una cultura estética diferente a la occidental, tenía la misión de revelar “la gloria” tanto como la vida palaciega ceñida a la marcación de jerarquías. Solimán el Magnífico fue el responsable de su gran expansión, cuyos trabajos duraron cuatro décadas a partir de 1520. La obra implicó más de 300 habitaciones para albergar el harén que integraban más de un millar de mujeres –judías o cristianas llegadas de Armenia o Georgia- supervisadas por eunucos. La mítica y la historia convergen en todo el palacio.

La puerta principal con sus torres, la Puerta de la Paz, la de la Felicidad, la Sala del Diván, el Patio de Ceremonias -entre otros-, y las cocinas imperiales dan cuenta de los banquetes y ceremonias que realizaban. Así como las joyas de la Sala del Tesoro denotan la concentración de una de las mayores riquezas del mundo. Tronos de ébano adornados con esmeraldas y rubíes, la daga Hançer cuya vaina de oro tiene diamantes incrustados; el legendario diamante de Topkapi –de 86 quilates- con 49 diamantes; oro, perlas y piedras que embellecen túnicas deslumbran desde sus vitrinas. La Biblioteca de Ahmet III encierra seis mil volúmenes mientras el Pabellón de las Sagradas Reliquias preserva venerados objetos del mundo islámico, como ciertas pertenencias del profeta Mahoma. El Jardín de los Tulipanes es un remanso donde se luce un pabellón octogonal de azulejos azules y veintidós columnas. Esplendor, cultura, elegancia son sinónimos del Palacio Topkapi.

Se encuentra muy próximo a las grandes mezquitas, guarda tantos secretos como ellas y desde sus varios niveles se aprecian las aguas azules del Cuerno de Oro, conocido estuario que con esa particular forma une el estrecho del Bósforo con el mar de Mármara. Este extenso e interesante recorrido dura horas, resulta un paseo enigmático entre los varios de la parte histórica de Estambul. Es absolutamente imperdible.

Estambul (o Istanbul), hoy una de las ciudades más importantes del mundo, aunque Ankara es la capital política y económica de Turquía. Ostenta sus valiosos legados culturales, de tradición e historia –que se remonta a los griegos- por haber sido capital de los Imperios romano, bizantino y otomano. Su población supera los 15 millones de habitantes y es la ciudad turca más visitada por turistas. Se disfrutan sus numerosos atractivos distribuidos en esa ubicación tan particular que abarca ambas márgenes del estrecho del Bósforo y donde Europa y Asia se unen.

El conocido Cuerno de Oro, estuario y puerto natural que conecta el mar Negro con el de Mármara es cruzado, actualmente, por cuatro puentes (uno de ellos con el nombre del máximo héroe turco Atatürk). Su recorrido en ferry (que puede incluir almuerzo) permite vistas fascinantes de la orilla europea donde se encuentra el casco histórico con la icónica Torre Gálata -del siglo XIV- y de la orilla asiática con minaretes que se destacan en altura entre edificaciones típicas y barrios tranquilos.

La Mezquita Azul, Hagia Sofía o Mezquita de Santa Sofía, el Gran Bazar y el Bazar Egipcio o de las Especias, la Cisterna Basílica junto al Palacio Topkapi, son lugares simbólicos de esta metrópoli, única perteneciente a dos continentes.

Cada sitio contribuye a un deleite de los sentidos y ese rico patrimonio que se abre al asombro visitante hace desear siempre una estadía más prolongada.

Estambul es una experiencia de vida.

Alicia C. Giuliani

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